¿Y para ti? ¿Cuál es tu película favorita? Parece una pregunta est

Claro, todo esto hasta que de pronto una película te produce un vuelco en el corazón, un nudo en el estómago y te hace aflorar sentimientos que incluso en momentos increíbles de tu vida real jamás aparecieron. Entonces no hace falta acordarte de ninguna otra, sabes que es esa. Ya no tu película favorita, simplemente tu película.
¿Increíble? Más sorprendente es todavía que te des cuenta de todo esto dos años después de ver el film por primera vez.

- ¿No la has visto ya?- Me preguntaba una de mis hermanas.
Y era cierto, pero desde que me enteré de la horrible noticia aquella mañana, con el desayuno a medio camino en la garganta, supe que tenía que volver a ver esa película y supe además que no tardaría mucho en hacerlo.
Y así lo hice. Sola en el salón, una vez acomodada en el sofá y con la "peli" en el DVD tardé unos instantes en darle al play. Y es que ni miento ni exagero si digo que increíblemente unos incesantes nervios de apoderaron de mi estómago mientras me disponía ha hacerlo.
Puede parecer absurdo, pero sabía que para mí ver esa película iba a suponer algo más. Sabía que desde el primer momento que apareciese en escena iba a emocionarme mucho.
Y ahí estaba él, un tímido pero extremadamente atractivo y masculino En-nis de Mar, enfundado en los típicos tejanos de vaquero de aquel polvoriento Wyoming del 63.
Debo reconocer que me sorprendí a mi misma por no haber derramado la primera lágrima en ese instante, aunque tampoco se hizo esperar mucho.

Brokeback Mountain. En mi cabeza no deja de dar vuelas. Y si las montañas hablaran... Testigos durante más de 20 años de los repentinos y desesperados encuentros de dos amantes que, por suerte o por desgracia, supieron, y muy bien, lo que era el amor verdadero. Pero jamás pudieron contárselo al mundo, nunca pudieron hacer participe al mundo de ello. No pudieron. Sólo les quedó Brokback, y sus montañas fueron sus cómplices para siempre, fueron la última esperanza negra de dos enamorados, como para Health lo fue ese maldito bote de pastillas.